Eva, mira mi cuerpo sinuoso que culebrea de astucia,
para convencerte con una dicha plena sin argucias.
Vamos, Eva, toma y muerde y come mi roja manzana,
disfruta sin preocuparte por lo que suceda mañana.
Eva, bésame estos labios y deja que mi lengua bífida
entre en tu boca y descubras la esencia de esta vida.
Deja que a tu corazón, Eva, llegue mi cálido veneno
y descubrirás lo que es el verdadero placer eterno.
Eva, ignora a Dios, abraza a Satanás, no hay pecado,
y en lo negro de mis ojos serás por fin de tu ser amado.
